29.11.11

Hipo H / Deformaciones, o la forma de las risas

Simona Pecoraio, Sevilla, Febrero 2011

Para Henri Bergson (La risa, 1899; La evolución creadora, 1907), la vida es el movimiento constante, el flujo continuo del devenir. En su movimiento la vida es cambio de forma, y romper este movimiento equivale a introducir algo mecánico en lo viviente, algo incapaz de adherir a la continua fluidez de la vida. De esta ruptura, surge lo cómico, “resultado del automatismo y de la rigidez”, que destruye las potencialidades infinitas de su transformación, y perpetúa su repetición. Lo cómico “necesita (…) para producir todo su efecto, algo como una anestesia momentánea del corazón”, un alejamiento del objeto de la risa, una insensibilidad y una indiferencia a la emoción. Por otro lado, la risa, que es un gesto social, una corrección, un castigo, esconde una “complicidad, con otras personas que ríen, reales o imaginarias que sean”. Lo cómico es “propiamente humano”: el hombre, más que “el animal que sabe reír”, es el “que hace reír”.
Para Luigi Pirandello (El humorismo, 1908; Ironía, 1920), fuertemente influenciado por Bergson y su filosofía, “la vida es un flujo continuo que nosotros intentamos parar, fijar en formas estables y determinadas, dentro y fuera de nosotros”. Lo cómico surge de la  observación de lo contrario, del reconocimiento de una incongruencia con lo real, algo que subvierte el orden normal de las cosas, y el reír es una acusación contra lo no verdadero, una declaración de superioridad hacía el objeto de la risa. Pero cuando esta observación se vuelve reflexión, desvela que lo contrario, o lo contradictorio, son la esencia misma de la realidad, y lo cómico se vuelve humorismo, como sentimiento de lo contrario, no del otro sino de uno mismo. El humorismo no es algo que hace reír, sino la superación de lo trágico a través de lo cómico.

Lo cómico, la ironía, el humorismo -que en ambos autores establecen la relación y la tensión entre forma y vida- son argumentos claves no para describir el mundo, sino para interpretarlo, reconociéndolos como modos particulares de percibir la realidad, como elementos cognitivos con los cuales transformar el mundo, urdiendo una red de significaciones y potencialidades, a partir de sus deformaciones y sus contradicciones.
Para ser una reflexión sobre la risa, no tiene ninguna gracia.

Pero como dijo Georges Bataille “Reír es pensar” (La experiencia interior, 1943).

Comentarios

Alicia: Risas invisibles
Hoy, desde la interdisciplinariedad y los múltiples recursos de que disponemos para observar la realidad desde ella pero saliéndonos de ella para sumergirnos en otra pista, despistarnos desde dentro sin llegar a pararnos, el reír se puede concebir como la confirmación de algo evitable que no hemos sabido eludir como Pulcinella, o Polinchinella o en Orfeo Negro que se divierten observando cómo los humanos  caemos en la red de la repetibilidad.

Elisavet:  Ironía socratica 
La ironía como argumento para interpretar el mundo es utilizada por Sócrates en su método dialéctico. Sócrates comienza siempre sus diálogos psicopedagógicos desde la posición ficticia que encumbra al interlocutor como el sabio en la materia y al siguiente paso utiliza la mayéutica para sacar aquello que el interlocutor sabe pero ignora saber.


Sardín: Un constante fluir
“Nunca nos bañamos en el mismo río” Heráclito
El existir es un perpetuo cambiar, un devenir perfecto, un constante fluir. Nunca vemos dos veces lo mismo, lo que hay es dinámico, en el cual podemos hacer un corte, pero será caprichoso. Las cosas no son, sino que devienen y ninguna y todas pueden tener la pretensión de ser en sí.

Ramón
«(…) Me gustó siempre hablar de arquitectura como divertimento; si no se hace alegremente no es arquitectura. Esta alegría es, precisamente, la arquitectura, la satisfacción que se siente. La emoción de la arquitectura hace sonreír, da risa. La vida no.»

A. de la Sota, La grande y honrosa orfandad (Madrid, 1969)

más información: http://www.hipo-tesis.eu/numero_hipo_h.html