16.5.12

Hipo E / Casa con pasillo

Emilio López-Galiacho, Madrid, Julio 2010

Aunque los sabios sitúen el alma de lo arquitectónico en la estancia, no concibo arquitectura más estremecedora que la de los pasillos. Hoy, la escasez de espacio y cierta influencia dañina del Movimiento Moderno los ha hecho casi desaparecer de las viviendas nuevas. Las malas casas de autor, las que convierten al habitante en mero espectador de sí mismo, los evitan. No salen en las revistas.

El pasillo es una pieza incómoda y oscura, como todos los lugares intermedios, pero, a la vez, de una intensidad cegadora. En su movimiento implícito contiene la promesa de todos los espacios que a él se asoman, lo que nos atrae hacia ellos y lo que nos impele a abandonarlos. El pasillo inventa la intimidad y a la vez la mirada que la profana. En los pasillos habita la imaginación y sus fantasmas: el deseo, el miedo, la alegría, la frustración, el desconsuelo, la amenaza, la lujuria, la duda.



Los he disfrutado y temido desde muy niño. El primero que recuerdo es el largo pasillo encerado de mis abuelos paternos, en ángulo recto, acogedor y familiar en su primer tramo, pero temible y desconocido en el segundo, cuando, tras una extraña cortina a medio correr, se internaba en zonas oscuras de la casa que yo imaginaba llenas de calderas, humo y animales muertos.

Luego llegaron los pasillos del colegio, la algarabía de puertas y pasillo en el hotel de los viajes de fin de curso, el pasillo delator al volver a casa de madrugada, el pasillo de los hostales de los primeros escarceos amorosos, recorrido con premura y vergüenza en busca de la intimidad del cuarto. Más tarde los pasillos del adulto insomne, cruzados o remontados como ríos de oscuridad en mitad de la noche. Los pasillos de los hospitales, que contienen a todos los demás. Y los pasillos de la literatura, del cine y de los sueños. Las calles son pasillos, y las vidas también.

Decía Sáenz de Oiza que había pasado su vida diseñando y habitando todo tipo de casas singulares, pero que al final había acabado viviendo en una casa con pasillo.
¿Qué es lo peor de los pasillos, lo que te espera delante o lo que te persigue por detrás?



Comentarios
Abl  

Los pasillos, como las escaleras, son lugares intermedios, espacios de tránsito.
Y los espacios de tránsito son a la arquitectura lo que las preposiciones, artículos o conjunciones son al lenguaje: no definen el significado de la oración ni tienen el protagonismo de los nombres, verbos o adjetivos; pero el lenguaje sólo es comprensible y completo gracias a ellos.
Eternos secundarios, los pasillos y las escaleras articulan la arquitectura.



Anime

Son conductos. Sobre ellos, no hay expectativas.
Son narcóticos porque son repetitivos. Se reproduce en diferentes plantas, entre diferentes sectores, entre edificios y ciudades. El pasillo es el elemento irreductible del laberinto.
Posee características físicas extremas. Son alargados, la acústica es diferente, las sombras pronunciadas. Es un dispositivo de interposición de distancias.


Agitania¡Te quitaré tus ojos!
El pasillo, lejos de plantearse como un mero antecedente de otro espacio, puede funcionar como núcleo de una estructura rizomática a partir del que se ramifican estancias. El pasillo practica el entremedio y el entretanto. Ubica tanto las entradas: un muelle de donde partir a otro lado o un puente conector de espacios; como las salidas: actuando como punto de fuga. ¿Quién no ha esperado nunca el momento de salir al pasillo?

Tabarka.
Lo esencial de los pasillos es que es difícil pararse, estar, tienen forma para el flujo. Uno no puede detenerse con tranquilidad a observar o a sentir algo, hay que pasar… Por eso no se disfrutan más que en el instante, sólo se recuerdan como un gran conjunto de sensaciones sucesivas. Esto sea quizás lo que los hace tan evocadores, testigos de instantes unidos por nuestra propia imaginación.

más información: http://www.hipo-tesis.eu/numero_hipo_e.html