5.4.12

Hipo E / Pasillos


Daniel Estepa, Bath, UK, Mayo 2010

Durante la adolescencia vivíamos en un pequeño piso alquilado. A pesar de su tamaño, pudo soportar algunos cambios: mi hermano y yo mudamos de dormitorio en dos ocasiones, permutamos el salón por el comedor, y reformamos la cocina durante los años que pasamos allí.


El pasillo fue el túnel que nos acompañó sin cambiar en absoluto su aspecto. Era largo y estrecho, y dibujaba una L en planta. Tenía un pilar invadiendo su geometría prismática, que dificultaba las carreras hacia la habitación a medida que mi hermano y yo íbamos creciendo. Era con diferencia la mayor longitud que podíamos recorrer, las sombras más dramáticas vivían en sus paredes, y su sonoridad era diferente a la del resto de la vivienda. No es difícil imaginar que algo más que un puñado de metros cuadrados se interponían entre sus extremos.

Era un tercero sin ascensor, y a veces pensaba en las escaleras como una extensión de ese conducto. Podía subir y bajar las escaleras sin luz, y recorrer el pasillo sin ni siquiera mirar. A veces, de vuelta de alguna fiesta nocturna, comenzaba a desprenderme de chaquetas, camisas o zapatos a medida que ascendía. Continuaba por el pasillo, y llegaba al dormitorio con medio trabajo hecho.
¿Los pasillos unen lugares, o los separan? Si su misión es unir lugares, los consideraríamos un malgasto de espacio y probablemente de tiempo también. Si los separan, quizá la persona que abandona la cocina para ir a su dormitorio no es la misma que la que en efecto entra en el dormitorio.

Comentarios

Anita: Para nómadas
El pasillo… lugar donde improvisar y descansar de lo previsto, donde es posible nomadizar lo sedentario… Me gusta sentarme allí a leer, a desayunar, tumbarme en verano… Sienta a una persona en el pasillo y sabrás mucho de ella, por contraste, por asombro… Es una estancia esencial, como el descansillo, las escaleras, el portal, la calle… Sólo conozco un hogar dulce hogar; el de permanecer en los lugares entre.

EGaliacho: Espiar, mutar, morir.
Estamos hartos de arquitecturas para mirar, las preferimos para temblar, para dudar, para espiar, para mutar, para morir. Estamos cansados de escenarios, reclamamos experiencias. Volvemos a los pasillos porque sentimos que el movimiento es la única posibilidad. Nuestra existencia está llena de pasillos. Juanjo Millás dijo que nos bastaría con contar con precisión cómo nos hemos sentido en cada uno de ellos para escribir la novela de nuestra vida.


RdLRincones mínimos
Cualquier espacio no pensado como vividero, aparentemente concebido sólo como infraestructura distribuidora de recorridos (al igual que cualquier otra instalación), admite una percepción vivencial. Más allá del rendimiento máximo de recorridos que analizaba sobre la vivienda mínima Alexander Klein en su ponencia de 1928 para la Reichsforschungsgesellschaft, la vida se produce en los rincones más insospechados, nuestros recuerdos habitan en los detalles más olvidados por el diseño, en los pasillos de nuestra memoria.

ManuelEstévez:
Frente a la importancia otorgada por la sociedad a los espacios-estancias, se han denostado otros. Espacios para pasar. Deberíamos hablar de Espacios Intermedios, y reivindico su importancia, como elementos de transición, como parte fundamental de la cuarta dimensión de la arquitectura. No unen ni separan, sino ambas a la vez, son tiempo, e inevitablemente, al transcurrir por ellos mutamos, acumulando sueños y esperanzas, y devenimos en el tiempo como proceso.




más información: http://www.hipo-tesis.eu/numero_hipo_e.html