24.1.12

Hipo F/ Una arquitectura para un exilio: la creación de una identidad efímera

Daniel Pinzón Ayala, Madrid, Junio 2010                                     

Mario Benedetti creó el término “desexilio” para definir un fenómeno social marcado por la política, caracterizado por un enfrentamiento identitario entre el lugar de origen y el de refugio y cuya resolución obedece a una decisión personal en contraposición a lo que ocurre cuando se produce el exilio. Un proceso similar de pérdida y construcción de identidades es el que traigo a colación. En él las reglas las que impone la economía y la arquitectura creada ad hoc juegan un papel fundamental.

Cuando determinados entes (tanto privados como públicos) crearon las “redes corporativas”, se configuraron una serie de universos de referencia en los que se establecía una identidad deslocalizada basada en un contexto arquitectónico artificial a la par que representativo de una determinada actividad laboral. Se generó así una clase trabajadora, en la que normalmente se incluía a la familia, que decidía vivir en un “exilio continuo” a costa de un total desarraigo.
La arquitectura utilizada en estos asentamientos residenciales-laborales se caracteriza por la repetición, generándose una trama de núcleos muy parecidos entre sí que se muestran ajenos a la topografía, al clima y al entorno urbano más inmediato. Esta clonación insensible sólo se ve alterada por la variedad de ciertos gestos estéticos, por lo que las soluciones que se acaban ofreciendo están condenadas a terminar en ese cajón de arquitecturas de segundo orden de escaso
interés general. Pero este factor de repetición también se muestra como su principal virtud, al configurar una realidad paralela sobre la que trabajador y familia comienzan a desarrollar una conciencia de pertenencia que no se ve alterada por cuantos traslados se produzcan en esa “red corporativa”: la arquitectura en la que se trabaja y vive siempre parece la misma.

Paradójicamente, cuando llega el fin de la vida laboral, se obliga al trabajador a desprenderse de todas las referencias adquiridas durante décadas, viéndose abocado a comenzar un nuevo proceso de arraigo en un contexto que se muestra inédito y, en muchos casos, hostil. Y aunque la clave seguramente esté en esa comprensión que reclama Benedetti, desde la arquitectura también se deben ofrecer las soluciones
necesarias que ayuden a normalizar este fenómeno social.

Comentarios 


Cantor
La permanente anfibología del texto en sus referencias temporales impide articular un comentario continuador. Desde el supuesto de localizarlo en el proletariado (prole, única posesión de la clase trabajadora, cuya fuerza, por renovación en su reproducción, es inagotable para el Estado), o en el Lumpen, subclase del anterior, el ejecutivo inserto en el programa de movilidad europea, o en el autoexplotado
postmoderno de U. Beck, cada uno de ellos merece un desarrollo particular, que no acentúe meramente al jubilado como paradoja. La historia de Hobsbawn no es la historia de Tafuri, aunque se arrimen.

Gonzalo: Un exilio para la arquitectura
“Como en muchas ocasiones de la historia de la humanidad, la arquitectura fue culpable de la esesperación.(...) Los habitantes de esta arquitectura, ésos lo suficientemente fuertes para amarla, se convertirían en sus prisioneros voluntarios, estáticos en la libertad de sus confines arquitectónicos” (Exodus or the Voluntary Prisioners Of Architecture; Koolhaas y Zenghelis, 1972) ¿y si por el contrario reconocieran inmediatamente en ella la base de una identidad genérica y no precisamente efímera?

GarcíaGermán: Corrosión
“The Corrosion of Character”. Sennett denuncia la creciente des-localización y desarraigo que sufren los trabajadores sujetos a los regímenes flexibles del capitalismo tardío y a la incesante movilidad que a lo largo de sus vidas se ven obligados a seguir. En paralelo a la producción de identidad, la arquitectura debe responder a este fenómeno mediante la reconsideración de lo genérico y la repetición como conceptos operativos.
  
Iria: De-libertad 
No debe confundirse el desarraigo del exilio político y económico con el “traslado” adaptado a la economía de mercado. Benedetti sufrió lo primero y el desexilio era la vuelta. El desarraigo “corporativo” es otro asunto: por un lado se inventó Florida para el que quiera continuar “trasladado” y por otro, se puede desandar el camino y desexiliarse. Los Smithson decían que había que dejar que los hombres adaptasen
su propio hábitat y Kawazoe que la arquitectura debe preveer la suficiente libertad, para que la gente se “adueñe” de ella. Lo que sé, es que no es una cuestión estética.

más información: http://www.hipo-tesis.eu/numero_hipo_f.html