10.1.12

Hipo G / Penélope inconsciente.

José Antonio Plaza Cano, Sevilla, Noviembre 2010       



Penélope inconsciente. El concurso como proceso de creación infinita.
Si presentarse a concursos ha sido siempre cierta manera de entender y vivir la arquitectura, los parámetros actuales, al menos en España, lo convierten en un tour de force continuo, que sólo llega a cobrar sentido si se obtiene el cada vez más raro y meritorio triunfo. El estudio que decide dedicarse a los concursos sufre un complicadísimo día a día, un desalentador mes a mes. La dinámica de concursos exige una concepción cíclica del trabajo donde el continuo desarrollo de ideas y conceptos, normalmente articulado en líneas de investigación, regresa periódicamente con cada entrega a algún estadío previo del proceso creativo. La dificultad añadida de la nueva situación provoca que la tensión y exigencia sean máximas en cada episodio de este proceso intelectual ininterrumpido; cada entrega de concurso, exacerbando los ya altos niveles de estrés y presión. Los proyectos, las fechas de entrega de cada propuesta, se reducen entonces a pequeñas paradas en el camino, cristalizaciones dentro del proceso de trabajo. El día después, entre fatigas y descompensaciones metabólicas típicas de una postentrega, porque concursar también es una experiencia física, el cansancio va dejando paso al análisis, la autocrítica o la satisfacción, que pronto comienzan a diluirse en favor del hastío provocado por la confirmación de la fecha del próximo episodio, la siguiente parada, una nueva competición.



Este tipo de masoquismo por supuesto es voluntario, es elegido por los arquitectos como forma o manera de vivir un oficio, siendo el concurso de proyectos una especie de ritual iniciático que dota a la obra construida, nuestro anhelo último y mayor, de un aura especial de integridad y honestidad. Hacer arquitectura en estas condiciones de dependencia de los concursos se convierte en una prueba de heroísmo casi mitológico, una labor de Penélope1, pero involuntaria esta vez, pues el arquitecto, una vez dentro de esta espiral de procesoproyecto rara vez es consciente de su ser y, al modo de los personajes de la tragedia griega, abandonan su destino en manos de los dioses. Ojalá que en el Olimpo tengan reservado un futuro mejor, siquiera algo más justo o razonable, para los que aman y respetan el oficio. 

[1] Penélope, esposa de Odiseo, rey de Ítaca, esperaba el regreso de éste de su largo viaje. El paso del tiempo promovió la idea de que el rey había fallecido supuestamente y provocó que la reina fuese cortejada por ciento doce príncipes jóvenes e insolentes de todo el reino deseosos de desposarla para hacerse con el trono. Ante sus terribles presiones Penélope prometió tomar una decisión tan pronto terminara la mortaja que debía tejer en previsión de la muerte del anciano Laertes, su suegro. Pero esta tarea le llevó tres años, pues lo que tejía de día lo destejía por la noche, hasta que al fin los pretendientes descubrieron el engaño. Véase: Robert Graves; “Los mitos griegos”.

Comentarios:


Calvin: El fin como medio
Para quienes asumimos la opción del concurso en arquitectura como medio, el viaje resulta en una cosmovisión amplia y compleja sobre los temas que investigamos; para quienes no la práctica hace al maestro. Hablamos entonces de una realidad parecida pero con fines disímiles. En latinoamérica el concurso es una manera de acercarse y a la vez de aportar a una reflexión y a un medio, que ha estado adormitado en los últimos 50 años.



PaquilloDubois:  F=1
Cada vez es más difícil hacerse un hueco en la administración, el ente más endogámico del estado. Lo malo de todo esto es que para la gente de arriba no peligra su puesto de trabajo si lo hacen mal. Para que un cubo con un agujero esté lleno se debe añadir el agua que cae. El resto nos encargamos de eso. ¿No tendréis un chicle usado por ahí?
coeficiente de consanguinidad: http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Hardy-Weinberg#

ArquitecturasPositiva:
¿Mi cliente es un jurado? ¿Un grupo de personas que no conozco? ¡Pero si sólo sé de ellos el puesto que le han otorgado en esa mesa! En realidad no trabajamos para ellos. Sólo son un filtro entre nuestro quehacer diario y el cliente que no tenemos. Ese cliente que vemos todos los días. Sí, al que atendemos con nuestros proyectos. Personas a las que amamos, porque, al final, nuestro trabajo nos resulta interesante. Sólo eso.

Seve
Es un fenómeno social particular a los arquitectos. A mi entender sería interesante introducir un antropólogo dentro de la regularidad de un concurso arquitectónico: Verano: Reacción del individuo decepcionado por cada decisión ignorada, malinterpretada o modificada. Otoño: El sopor o torpor combinado con un estrés desorientador que emana en situaciones cercanas a una entrega. Invierno: La desilusión al ver que el concurso quedó sin noticias y en el olvido.

más información: http://www.hipo-tesis.eu/numero_hipo_g.html