20.4.12

Habitando el espacio de la movilidad

Rafael de Lacour, Málaga, Junio 2010                                                  

En cierta ocasión leí a Luis García Montero parafrasear a Gabriel García Márquez a propósito de la diferente velocidad con la que se desplazan nuestros cuerpos y nuestras almas cuando hacemos trayectos considerables. Venía a decir el gran maestro de las letras hispánicas que en esos viajes, quizá referidos a los trayectos transoceánicos, nuestros cuerpos pueden viajar a la velocidad que nos transporta un avión, pero a
nuestras almas les cuesta más llegar, parecieran contar con una inercia que las anclase al lugar de partida.


Además del sentido figurado, y la connotación afectiva que muchos hemos podido experimentar alguna vez en estos viajes, desde un punto de vista corpóreo la frase nos recuerda los trastornos de horarios y adaptación a los que nos sometemos en pos de una agitada movilidad como signo inequívoco de progreso.

Nuestros desplazamientos cotidianos son permanentes, incluso los lugares de trabajo se mantienen alejados del lugar donde residimos, y ello a pesar de que la deslocalización que ha propiciado la era global nos permitiría una conexión virtual más sencilla. Sin embargo, en un mundo más conectado y virtual la presencialidad tiene aún un valor considerable y no renunciamos a abarcar a través de esta globalización una extendida conquista del medio físico accesible. Queremos llegar a todos lados en muy poco tiempo, no ponemos límites al control espacial. Para conseguir esto pagamos un alto precio empleando una parte preciosa de nuestro tiempo alojándonos en medios de transporte que nos llevan de aquí para allá.

Después del puesto de trabajo habitual que usamos, y de la cama en que dormimos, los vehículos suponen el tercer lugar donde más tiempo pasamos al día (el segundo en estado consciente). Esos automóviles, metros, autobuses, trenes o aviones, inevitablemente generan unos espacios que habitamos con todas sus consecuencias, en este caso considerados espacios de la movilidad. Aún así no han sido suficientemente pensados ni diseñados por arquitectos. Al margen del enorme atractivo técnico que vieron los
primeros modernos en determinados objetos máquina, como los aeroplanos o los transatlánticos (véase la fascinación que producían en Le Corbusier), no han generado todavía un reclamo suficiente de atención entre los arquitectos, salvo excepciones, que produzca reflexiones acerca de los comportamientos e implicaciones en el habitar.

Comentarios

R. Serrano

R. Erskine, Sección de su estudio (Drottningholm,1955)

Anita: Entre 
Pensemos los desplazamientos como lugar, y de paso, el lugar de trabajo y la cama como desplazamientos, transiciones. No habitamos menos cuando nos movemos de un sitio a otro, y siempre existe la posibilidad de pararse y permanecer. Lo virtual revaloriza lo presencial, es alucinante que seamos materialmente transportados de un sitio a otro, ocupando un lugar y siendo a la vez tantos posibles lugares.


Anime

Ir en el asiento trasero del antiguo Citroen CX Palace era como viajar en el salón de tu casa. Lo usamos en un viaje a Portugal que hicimos con una caravana. Una velocidad máxima de 80 km/h, nos colocaba en un punto de vista también inusual. Nos adelantaban sin excepción. Ibamos apreciando el paisaje, solíamos decir entre nosotros. Como si hubiéramos cargado nuestras pesadas almas en la caravana, para evitar asincronías existenciales.


ManuelEstévez
El hecho contemporáneo ha creado una sociedad esquizofrénica, debido al exceso de información y por una facilidad de movilidad, en detrimento de nuestra calidad de vida. El arquitecto debería aportar su conocimiento del espacio para la mejora de estos “espacios móviles”, pero lejos de no suscitar interés, lo que acontece es un problema de delimitación de competencias dentro de la industria, un sector vetado
en general para esta disciplina.

más información: http://www.hipo-tesis.eu/numero_hipo_e.html