18.12.11

Hipo G / ¿En ocho segundos?

Francisco J. Ruiz-Ruano Campaña, Granada, Diciembre 2010


Einstein tenía razón. Un ejército de inquietas y minúsculas partículas viajaba velozmente desde el techo, componiendo una invisible sintonía onda-corpuscular. Siempre vigilante, eran emitidas por un ojo discreto que hasta ese momento estaba inmerso en un pacífico estado de quiescencia. Al abrir la puerta una infinidad de átomos fastidió la marcha al haz para convertirlo en desorden como si una fecha fuera pulverizada al impactar con una manzana. Se encendió la luz.  


Lo reconozco, soy humano. Una persona de naturaleza caucásica, de esas que van equipadas con una enzima aldehído deshidrogenasa 2 de las buenas, de esas que otrora estuvieron seleccionadas positivamente para poder ingerir líquidos fermentados libres de microbios sin escrúpulos. Para eliminar esta sustancia, la segregación de la hormona antidiurética por la hipófisis se ve reducida, lo que demanda a las nefronas del riñón un esfuerzo extra con una necesidad imperiosa clara. 

La fiesta es una de las poquitas cosas que me atan a la realidad. Siempre pensando sobre un mundo donde teorías e hipótesis deben de encontrarse a gusto. Allí soy un relojero que intenta engarzar con la máxima precisión los engranajes de relojes caprichosos que se detienen y vuelven a funcionar a su antojo y que se estropean para ser un recuerdo de la eternidad. Es un mundo al que solo se puede llegar por la autopista de la razón y donde puedes quedarte desquiciado. 

Por estos motivos la luz que se enciende automáticamente al entrar en el aseo de un bar es una alegoría preciosa para un científico que va al lugar donde expulsa parte de su sabiduría para entender la naturaleza de un modo más próximo a los demás. Es una actividad que suele ser lúdica aunque en ocasiones no le gusten las conclusiones que... ¿Qué ha sucedido? ¡Todo está oscuro! La orina empezó a salpicar contra el recto plano del suelo. Alarmado salté hacia atrás y, de repente, la luz volvió a llenar la habitación. Desde entonces tuve que contonearme continuamente durante la micción. Somos fruto de una evolución ciega y chapucera, capaz de combinar maravillas con miserias a partes iguales. El ser humano es capaz de comprender el efecto fotoeléctrico al mismo tiempo que dejar solo ocho segundos para que un sensor apage una luz.

Comentarios
cavillare 8 segundos, 8 palabras
Sobre los laberintos del pensamiento y las trampas de lo fenomenológico: en 8 palabras, en 8 segundos;éxtasis…embriaguez…entelequia…estupor…estulticia…esperpento…escepticismo…y esperanza?


Cóncava: 8 segundos interminables
Pasar de la risa al llanto, arrancar una flor, coger el teléfono, dar un beso, tirarte un pedo, soñar con ella, recordar aquello, mirar a los ojos, salir corriendo, morderte la lengua, morir, nacer, pedir perdón, aceptar sus disculpas, caer al suelo, encender una vela, escribir un verso, partirte una pierna, perder la vergüenza, a veces ocho segundos dan para mucho.

Arquitecturas-Positivas: Splash
Le da la espalda a la lejana lámina de agua, se agarra con los dedos. Inspira, y salta hacia atrás. Recorre una parábola en el aire mientras gira sobre sí mismo, a toda velocidad. Antes de tocar el agua ha realizado todas las piruetas que caben en ese intervalo de tiempo. Sabemos la posición del cuerpo cuado llega al agua. No recordamos con tanta claridad los intervalos del recorrido intermedio.

Sinám:
Me gusta situarme en ese punto de inflexión personal en donde el Dr. Jekyll abraza a Mr. Hyde. Es en ese preciso instante cuando me repito una y otra vez: “bienvenido a la oscuridad, donde la luz no deja de brillar”.