15.10.11

Hipo J / Las trampas de la memoria

José Antonio Plaza Cano, Sevilla, febrero 2011 

Nuestra relación con el pasado precisa de intermediarios. El más frecuente y democrático es la memoria: todos los seres humanos disponen de ella y una gran mayoría incluso la aprovecha. Además de esto, otras personas, las menos, recurren a diferentes materiales disponibles para identificar y rememorar. Son siempre recursos mediados, manipulados, interpretados por el otro, por alguien cuya subjetividad es inherente pero no necesariamente asumida. Estos documentos constituyen el soporte de la historia, el instrumento más logrado que la humanidad ha pergeñado para sistematizar nuestra comprensión del paso del tiempo.

La ciudad, fenómeno fundamental de la civilización, actúa como acumulador de estas experiencias, interpretaciones y hechos, siempre subjetivos, nunca ocurridos íntegramente como alguien los recuerda. En nuestra relación con lo pasado, en particular con el contexto físico de las ciudades históricas, la irracionalidad nos hace caer en las trampas de la memoria. La memoria nos tiende trampas mediante una doble manipulación: la selección inconsciente que realiza nuestra memoria, cribando nuestros recuerdos personales, y la historia como transmisora mediatizada de la información, que la interpreta, la tamiza y la adecua a los intereses particulares. Esta doble subjetividad ligada a la percepción individual sólo puede resolverse aplicando métodos de análisis y comparación científicos, baremos que se encomiendan a la razón como la mejor oportunidad de clasificar y comprender, en una búsqueda condenada de la anhelada e inalcanzable verdad.


Cuando se denuncia el impacto de lo nuevo, o las agresiones de la arquitectura contemporánea sobre el patrimonio de la ciudad histórica, estamos en presencia de habitantes engañados, víctimas de los subterfugios de la memoria, mal llamada colectiva, pues ésta nunca lo es. Su historia, sus recuerdos, sus selecciones, sus censuras, sus intereses les empujan a creer que “Sevilla es un escenario dieciochesco”, simplificando con ello su esencia basada en la complejidad y superposición de tiempos y estilos. El galopante proceso de tematización de los centros históricos, convertidos en parques de arquitectura potemkim de cartón piedra, se nutre de estas aberraciones mentales y convierte el tiempo pasado de la ciudad en una delirante y banal imagen congelada de sí misma, caricatura inerte, cuyos defensores, enarbolando banderas de cruzados del patrimonio, enfrentan irracionalmente a la arquitectura de su tiempo, convertida en peligrosa amenaza del city-marketing.

Comentarios
Descalza: Y de la razón
Todas las ciudades son posibles, la nuestra es aquella que recordamos. La ciudad se presenta como paradigma de la interacción de múltiples aspectos, donde la razón y los sueños pueden coexistir sin exclusiones. La búsqueda de lo inmaterial, en una ciudad en constante cambio, invita a la interpretación de lo temporal a través del arte, frente a lo estereotipado de lo físico y material de la ciudad políticamente correcta.

Telémaco: Contemporaneidad virtuosa
Lo antiguo que sea antiguo, lo nuevo que lo parezca. Rememorar estilos desfasados en plena contemporaneidad a muchos nos produce estupor; es confuso y peligroso. De la masacre salvaje, de los centros históricos en los pasados años 60-70, hemos pasado a un conservadurismo recalcitrante. ¿LA VIRTUD RADICA EN EL JUSTO MEDIO? A propósito de Sevilla, no (?) es necesario diseminar “SETAS” por doquier, pero éstas están convenientemente situadas en el entorno.

Julián: Embalsamamiento urbano
Qué importante es el tema de la utilización selectiva de los momentos históricos y arquitectónicos en función de la market-abilidad de la ciudad o de su cultura; qué memorias se truncan, esconden o olvidan en favor de la creación de una realidad enfocada hacia el perfeccionamiento de una imagen fácilmente digestible? El embalsamamiento urbano no es una estrategia sostenible para la creación de una ciudad en la cual todas las generaciones se sientan igualmente representadas.

Vic: Las trampas de la memoria
La historia tal como es, es el espejo del poder. Subjetividades no existen, los hechos pueden ser deformados, manipulados y tergiversados. Las logias con nobles objetivos espirituales, convertidas en nauseabundos grupos de facinerosos ávidos de codicia y su consorte, el poder.
Vale decir, la historia del poder da poder a sus actores circunstanciales en los hechos. El verdadero hecho es el poder que narra. Las verdaderas ruinas, son el poder en ruinas.